Corr?a el a?o 1592 cuando en San Sebasti?n nac?a Catalina de Erauso, la Monja Alf?rez: Catalina, Francisco, Alonso o Antonio, como quiera cada cual llamarla, pues nunca le import? lo m?s m?nimo, como tampoco su condici?n, ni creo, su credo. Llev? una vida trepidante, ?nica, libre, con los matices que os encontrar?is en la apasionante novela que ten?is en vuestras manos y que, entre la historia y la ficci?n, muestra la vida de esta singular mujer que fue, desde monja, grumete, paje, a alf?rez y otras cosas que podr?is ir descubriendo a lo largo de estas p?ginas. Una jovencita que recorri? en solitario, nada propio de una mujer de su ?poca, todo el norte y el centro de Espa?a hasta llegar a Sanl?car. Desde all?, y como les hab?a pasado a muchos vascos de la ?poca, sinti? la llamada de las Am?ricas y parti?, al mando del capit?n Esteban Eguino, para vivir su propia vida, sin ataduras.
Desembarc? en Punta de Araya, actual Venezuela, y recorri? gran parte de lo que consideramos a d?a de hoy Panam?, Ecuador, Per? y Chile, hasta regresar en dos ocasiones a Espa?a, pero que su deseo de aventuras la devolver?an igualmente a M?xico, donde posiblemente muriera despu?s de una vida de intensa actividad.
Prisionera, obligada a vivir una vida que no quer?a, forzada y vejada por gentes que no eran dignas de su respeto, apresada en el duro cors? de las mujeres del siglo diecis?is prefiri? o eligi? tornarse hombre, de la manera m?s f?cil y sencilla que supo o pudo, cambiando su vestimenta, tapando su pecho y procurando modales masculinos. Podremos, cuatrocientos a?os despu?s, decir que fue la primera travesti, homosexual, andr?gina o la cantidad de adjetivos que nuestro deseo de ponerle nombre a todo nos permita, pero lo cierto, lo realmente cierto es, que era m?s f?cil ser libre viviendo como un hombre que como una mujer. Que si quer?a apartarse de un destino que la har?a infeliz, ten?a que dejar de ser Catalina. Y el resto es un c?mulo de an?cdotas que se van sucediendo, y que configuran la vida de una persona. D?as que se desencadenan consecuencia de acciones anteriores que puede que ni ella misma quisiera que sucediesen, una bola que se va construyendo a medida que la vida avanza y que le iban llevando por un camino, eso s?, el que ella eligi?. Lo dem?s, suposiciones de los avanzados postmodernos deseosos de etiquetar hasta lo que no hemos conocido y somos incapaces de entender. Valga decir que no seremos nosotros quienes le pongamos nombre a esta apasionante historia vivida por una mujer libre que, en plenas facultades se salt? todos los ?rdenes establecidos y que ahora, Carlos del Solo, muestra con ingenio y simpat?a.