La materia y la vida de la experiencia est tica, esto es, el mundo vivido que se expresa a trav s de mi humanidad, posee ya una forma, aunque inexpresable. Esta forma (interioridad de los objetos de existencia), percibida incompleta y confusamente, es lo que se llama encanto.
El encanto de la Naturaleza, de un objeto, de un efecto de luz; de un sonido, de una forma de moverse; como del silencio o la quietud de un momento o un estado, es el eco d bil del mundo vivido en nuestra humanidad, originado m s all o m s ac de las vicisitudes de la existencia.
LAS PALABRAS
Antes del d a con sus horas
medidas, yo buscaba las palabras.
Todo empez hace mucho, lejos,
con mi padre. A n llevo su fr o.
Yo buscaba las palabras que dijeran
nuestra vida, su silencio clamoroso.
Hasta que el primer ruido sub a
de la calle, con su luz indecisa;
su seda; su ara azo de alacr n.
Qu extra o y rocambolesco amor por el orden y la disciplina me inculcaron mis padres, con aquella vida rica e incierta. Como un general a quien, andando el tiempo, le hubiesen salido los hijos pacifistas, porque acaso en la intimidad de su conciencia l mismo lo era. En medio de aquella tropa legionaria de hermanos. Con vecinos y amigos cuyos padres llevaban vidas normales, con su cara y su cruz. Todos ni os y p beres, tan vidos como nosotros de aventura pero para volver, al cabo, a las orillas tranquilas de una vida normal. Sin tener que preocuparse por la ropa, la comida, los libros, ni en general, la marcha de este mundo.
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