La Posesi n del gata, es un viaje al yo profundo, una visita a la infancia. No es este libro una evasi n, sino una reivindicaci n del presente eterno de una tierra dura, agreste, bella, hostil, volc nica y agradecida. Las p ginas se nos abren en tono de susurro, entre la confesi n y la complicidad, porque desde su infancia, Alonso pugnaba por encender palabras. Y nosotros apreciamos ahora su luz.
Fco. Martinez
Escritor. Espa a
El oficio del poeta es el de un experto y apasionado cirujano, abriendo las heridas y suturando sus costurones. Es un oficio de sanaci n, pero esto no puede evitar el dolor. Porque, c mo contener sin dolor la hemorragia de una herida tan ancestral y profunda como la ra z de los volcanes?
En La Posesi n del gata, Desfilan ante nosotros todos los rostros del paisaje humano y natural almeriense; se nos llenan los ojos de palmitos, lentiscos, espartos, norias, aljibes, amenos valles, secarrales, hambre, cortijadas, albaidas, jornaleros, mares, roquedos, calor, y el fr o que siempre acompa a al miedo.
Julio Gonz lez Alonso
Poeta. Espa a
La palabra ilumina al coraz n callado de la piedra. Abre su resplandor ante la herrumbre, gotea en la memoria, dicta ra z y mar, palomas del desierto y de la sal que aroma. El hambre y su radiograf a, la ni ez, la ronda de extranjeros que naufragan en el yo, el rbol de cenizas y el hueco del amor vencido. La posesi n del gata. Hay mapas en vigilia, senderos que desandan la voz del caminante, pausas que difuminan la ansiedad y el eco en el susurro de aquello que no vuelve.
Benjam n Le n
Poeta. Chile
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No es cuesti n de intuir los azules colores del amanecer o las abiertas manos de los vientos que nos cierran los ojos al polvo y al futuro, cegados, qui n sabe, si de tanta luz que nos derrama el cielo desde el cogote m stico de dios -aquel que regalaba manzanas del rbol de la Ciencia- hasta la misma arena que pisan nuestros pies.
Alonso de Molina
Poeta. Espa a