Esta no es un relato sobre política. Tampoco es un tratado sobre ideologías, ni un panfleto disfrazado de ficción. Es, ante todo, una historia de seres humanos. De madres que resisten, de jóvenes que huyen, de abuelos que esperan, de ciudadanos que han sido olvidados por todos, menos por la memoria.
La Patria se Hace Mochila nació de muchas conversaciones susurradas en terminales de buses, de cartas enviadas desde lejos, de voces que han aprendido a decirlo todo sin gritar. Es el retrato de un país que fue partido en dos: entre quienes aplaudían con fe ciega y quienes callaban con miedo, entre los que se fueron buscando vida y los que se quedaron enterrando sueños.
Venezuela, como escenario, se vuelve aquí un cuerpo dolido pero vivo, donde los personajes -Carmen, Yulimar, Orlando, Marcos, Elías- no son héroes, ni mártires, ni villanos: son reflejo de millones. A través de ellos quise mostrar que, incluso en las circunstancias más oscuras, sobrevive algo que el poder nunca ha podido destruir: la dignidad.
Escribí este relato para quienes alguna vez sintieron que no tenían voz. Para los que esperan a alguien que no regresa, para los que aún guardan una maleta sin cerrar. Pero sobre todo, para recordarnos que no hay silencio más poderoso que aquel que contiene esperanza.