Los dioses saben que est n desapareciendo. Odiseo todav a no.
Las plegarias llegan cada vez m s d biles. Los rituales comienzan a fallar. Atenea, Poseid n y los antiguos se ores del Mediterr neo sienten que algo se disuelve: la mirada de los hombres ya no los sostiene como antes.
Por ese mar agonizante navega Odiseo, el nico h roe que no desea conquistar otro reino ni alcanzar la inmortalidad. Solo quiere regresar a taca.
Pero cada isla intenta retenerlo. Una hechicera erosiona la memoria de sus hombres. Una ninfa le ofrece una vida eterna a cambio de renunciar a su hogar. Los muertos esperan que alguien cierre aquello que los vivos dejaron incompleto. Y Poseid n convierte el regreso en un castigo cuya verdadera causa ni siquiera l se atreve a nombrar.
Mientras tanto, Pen lope no se limita a esperar. Durante veinte a os defiende una casa invadida, preserva el nombre de su esposo y prepara una ltima prueba para los hombres que pretenden ocupar su lugar. Tel maco busca al padre que apenas recuerda y empieza a convertirse en alguien que quiz Odiseo no est preparado para reconocer.
Porque regresar no significa recuperar intacto lo que se abandon .
Cada persona que esper a Odiseo tuvo que construir una versi n diferente de su ausencia. Y l tambi n ha cambiado: inventa identidades con recuerdos que no deber an pertenecerle y descubre que, despu s de tantos a os siendo Nadie, pronunciar su verdadero nombre puede resultar m s doloroso que perderlo.
Una relectura narrativa de La Odisea sobre la memoria, la identidad, el regreso y la secreta envidia de los dioses.
Los inmortales poseen la eternidad.
Odiseo posee algo que ellos jam s tendr n: un lugar donde terminar.