Las versiones oficiales de las novelas rara vez contienen todos los relatos. Las versiones dominantes se diluyen en sus m rgenes para dar lugar a las las voces que no fueron registradas. No porque no tuvieran nada que decir, sino porque era demasiado y desbordaba en expresiones. Ocelota de Huella Perdida re ne algunas de las historias desdibujadas, los gestos que no dejaron archivo, las miradas que no pudieron ser olvidadas, y las verdades que ardieron sin testigo.
Algunos relatos tienen un origen com n, otros atraviesan siglos y recorren continentes de selvas y r os, volcanes y cielos, ciudades y museos, en busca de una verdad m s profunda -desde lo emocional, lo sensual y lo m tico. Sin embargo, todos se reconocen, porque comparten la misma pasi n.
Las protagonistas -lo digo as , pues en su mayor a son mujeres-, no obedecen a la tradici n pasiva del personaje femenino, sino que se erigen en guerreras, curanderas y brujas, artistas, fugitivas, e incluso espectros. Hablan desde la intimidad legendaria, e irradian una sensualidad natural y refinada que va m s all de la atracci n f sica. Pero no es solo su apariencia, sino su presencia, su elegante actitud, su inteligencia y la riqueza de sus personalidades.
Ocelota de Huella Perdida no solo recupera, sino que propone historias. Imagina otros or genes, otras versiones del deseo y la memoria. Un realismo m s amplio, donde lo extraordinario forma parte de lo cotidiano.
Algunos de los cuentos nacieron de Ocelota -una novela donde la selva respira y la realidad se transfigura-; otros aparecieron como huellas inesperadas: una lluvia borrascosa, una fotograf a en el misterio, un aterrizaje forzoso en la espesura, tambi n heroico. No hay una ruta definida para leer estos textos. Son pasos perdidos.
Bienvenidos a este claro entre cuentos. Aqu , la ocelota acecha, y en su universo, todo lo que parece fijo se transforma. Y todo lo que parec a olvidado, regresa guiado por el rumor de algo antiguo: una mitolog a que no se ense a, un saber del cuerpo, una selva que no figura en los mapas.
Hay mujeres que no obedecen, lenguas que no han sido traducidas, s mbolos que arden en el silencio y v nculo con lo salvaje.
Quien decida adentrarse en estos cuentos deber dejar atr s las certezas, porque apenas abren un umbral en la imaginaci n. Aseguro que quien lo cruce, no saldr intacto.