Uno de esos d as de tensiones por los retrasos del proyecto en el yacimiento, ingres as como una tromba malhumorada y sin tocar la puerta en la oficina de mi amigo Orlando, gerente de Medio Ambiente, para preguntar nuevamente por los avances del permiso ambiental. Orlando, un hombre cuyo car cter est bendecido con la paz del universo, le estaba ense ando los procedimientos de gesti n a los nuevos miembros del equipo de trabajo, los cuales en ese preciso momento, al levantar la vista, acaban de conocer al gerente del proyecto que ingresa malhumorado y sin tocar la puerta. Todos me miran mientras yo sigo sosteniendo la puerta con una mano y hablando desde all con Orlando, y all a su lado estaba ella: pelo rubio, una vincha multicolor en la frente, tez algo tostada por el sol y ojos del color de la miel pura de campo. Sent que esos ojos me escudri aron, como diciendo " qui n ser este maleducado que ingresa as sin tocar la puerta?", como sea, nuestros ojos se encontraron y all se quedaron un segundo, o dos. Vuelvo la vista para encontrar a Orlando y le pido que cuando termine me vea en mi oficina.
Cuando Orlando se reuni conmigo y repasamos los detalles sobre el estado del avance del permiso medioambiental, l gicamente surgi la pregunta:
" Qui nes son esas personas que te acompa an?", pregunt .
"Pues son los nuevos miembros del equipo de gesti n ambiental que enviaremos al proyecto" comenta Orlando.
"La que no conozco es a la rubia que estaba a tu derecha, ella tambi n es de tu equipo?", repregunto.
"En realidad no conoces a ninguna pues todos son reci n ingresados, y ella en particular se llama Alma y es ge loga reci n recibida, y tiene 26 a os, por si la pregunta era esa", dice Orlando sin la diplomacia que le permite la amistad.
Ella de Escorpio, yo de G minis. Nadie pod a esperar lo que vendr a despu s.