Un oscuro y antiguo odio germinaba en el interior de Ernesto; una bilis espesa que exig a ser expulsada. Arroj el veneno directo al rostro de Guillermo, su viejo amigo de la universidad a quien hab a condenado en silencio por el mapa completo de sus desgracias. Las palabras que brotaron no eran simples cuchillos, sino dagas que se clavaban con una precisi n cruel. l lo sab a: no buscaba un corte r pido, sino infligir laceraciones lentas, ntimas y profundas que lo dejasen sangrando, exhausto e indefenso, a la espera del golpe final.
Cuando lleg la noticia cruda de la tragedia que hab a devorado a Guillermo, Ernesto no tuvo m s remedio que precipitarse de nuevo al pasado. Tuvo que desenterrar los recuerdos y abrir las cicatrices que tanto se hab a esforzado en petrificar. Ser a aquel macabro retorno la oportunidad para la redenci n, o tan solo un nuevo y m s refinado tormento dise ado para azuzar la llama de su culpa?