Hay hoteles que se construyen para recibir huéspedes. Y otros que se construyen para contenerlos.
En la costa oeste de Irlanda, el Hotel Cliffhaven no aparece en los mapas, pero sí en ciertos recuerdos que nadie sabe explicar del todo.
Allí trabaja June Teller, doncella silenciosa con un pasado que no encaja en ninguna versión oficial de la historia. Nadie imagina que fue espía. Nadie sospecha lo que hizo en Bosnia. Nadie debería preguntarse qué tipo de personas aprenden a desaparecer sin salir por la puerta.
Cuando Arthur Cross, ladrón de arte internacional, llega al hotel con un encargo imposible -robar un espejo que no refleja imágenes sino deseos inevitables-, lo que encuentra no es un objeto, sino un sistema que ha estado esperándolo mucho antes de su llegada.
El Espejo de los Sueños no muestra lo que se quiere. Muestra lo que ya ha sido decidido sin permiso.
Y el Cliffhaven no es un escenario. Es un mecanismo que reorganiza la realidad para que ciertas historias puedan ocurrir sin romper el mundo.
A medida que el robo se acerca, el hotel empieza a recordar cosas que no debería, las versiones de Arthur se multiplican, y June descubre que algunas puertas no se abren hacia habitaciones... sino hacia el origen de todo lo que fue eliminado para que el hotel pudiera existir.
Pero hay algo peor que un lugar que guarda secretos.
Hay lugares que deciden cuáles de ellos merecen haber ocurrido.
La llave de nácar es una historia sobre lo que ocurre cuando la realidad deja de ser un espacio... y se convierte en una selección.