Rena se encontraba de pie bajo la luz parpadeante de la calle, con sombras danzando a sus alrededor como susurros de sue os olvidados. Los colores vibrantes de la Ciudad de M xico la inundaban, un marcado contraste con la oscuridad que se arremolinaba en sus interior. Fue all , en lo m s profundo de sus desesperaci n, donde contempl la tortuosa viaje que hab a tomado sus vida.
La decisi n de huir de Buffalo, Nueva York, hab a sido impulsada por una necesidad insoportable de escapar de las cadenas de sus existencia en dificultades. Dej atr s no solo sus trabajo y sus hogar, sino tambi n a sus ex amante, Behanzin, que encarnaba todo lo que un hombre humano podr a poseer, hasta que cometi el error de proponerle que entrara en la red de prostituci n. Era muy f cil alejarse de, a diferencia de sus et rea alma gemela, una figura poderosa envuelta en peligro y atractivo: Jahazap. La encarnaci n de todo lo que tem a y ansiaba, una corriente de resaca que la arrastraba hacia un abismo al que luchaba por resistir.
Rena se encontr en una ciudad donde el aire estaba cargado de oportunidades pero agobiado por la desesperaci n, y sabore la amargura de la desesperaci n mientras vagaba por las calles. Apoyada por sus desgracias pasadas y presentes, Rena estaba lejos de ser la chica que sol a explorar el mundo con pasi n y curiosidad. Ahora, cada mirada en el espejo revelaba una extra a, un alma oscura, acosada por deseos tan intensos que amenazaban con consumirla. La sola idea de aceptar lo que resid a en sus interior la empujaba al borde del abismo; un poder que tem a y ansiaba a la vez.
En momentos de tranquilidad, recordaba la advertencia de sus alma gemela, un ser cuya existencia era a la vez una bendici n y una maldici n. Sus presencia et rea permanec a en su mente, record ndole el fr gil l mite entre la luz y la oscuridad. "Mirarme es arriesgar tu supervivencia", le dijo una vez, una advertencia que hab a ca do en o dos temerosos mientras ella dejaba que sus coraz n se dirigiera al reino f sico, en busca de la emoci n de la conexi n humana.
Sinti que la urgencia aumentaba, resonaba en sus pecho y palpitaba en sus venas. Ya fuera la esencia del peligro que la llamaba o el atractivo de lo desconocido, trat de no sentirse atra da por el ultim tum de Luke. El mayor capo de la droga en Rochester cuyo dinero necesitaba para sobrevivir. "Encuentra un hombre en M xico, Rena. Estoy cansado de apoyarte", le hab a dicho, con la voz m s cruel.
Sin otras opciones, acept sus predicamento. Rena caminaba por las calles con la cabeza en alto, la determinaci n iluminando la oscuridad interior. Se convertir a en la cazadora en lugar de la cazada, reclamando sus poder.