"Lo escandaloso, lo que produce sonrojo en nuestra Espa a de hoy, ya no es que una parte de nuestros pol ticos mientan y abusen de mil modos de su posici n de poder, sino que millones de espa oles lo aceptan como la cosa m s natural del mundo. Lo acepten y lo apoyen. Al fin y al cabo, no somos ngeles. Los que vengan prometiendo la luna no nos van a robar ni a enga ar menos que estos. Y mejor malo conocido que bueno por conocer. Y adem s, qu es la Libertad, qu es la Justicia? Palabras, ruido. Alguien las ha visto alguna vez? Nunca. Humo de intelectuales desclasados. En cambio, un hombre y una organizaci n pol tica o empresarial o sindical, Rey, Presidente o Alcalde, que nos manipula, nos miente, nos roba y abusa de su poder, al menos es algo real: son los hechos, son realidades bien concretas, de carne y hueso, con las que uno sabe al menos a qu atenerse. Son lo que hay.
En el fondo, quiz s se trate de esto: ninguno de nosotros ha elegido el mundo, el pa s, la sociedad a la que pertenece y en los que vive. Por lo tanto, no ha podido elegirla. Si no ha podido, es porque el ser humano, con toda su raz n y sus buenos deseos de justicia y libertad, de felicidad personal y colectiva, no es en realidad, m s que un producto, un sujeto de las circunstancias biogr ficas e hist ricas. El mundo real nunca es el de nuestros deseos, el de nuestras cr ticas abstractas. Nuestros sue os, por lo tanto, deben degenerar en pesadillas cuando, por un accidente hist rico, nos es dado realizarlos.
Es pues, necesario, abortar todos nuestros deseos de libertad y de raz n, antes de que cobren fuerza y degeneren, antes de que puedan ser realizados. Si hace falta, es necesario matar o, cuando menos, arrinconar a los so adores de tales utop as, como si se tratara de fieras peligrosas o plantas da inas. No en vano, Espa a es un pa s que ha matado a dos de sus m s grandes poetas: Antonio Machado y Federico Garc a Lorca. Nunca limpiaremos esta verg enza, ni las otras.