Antonio Pellerini, pr?fugo y contrabandista, quiere comprar la Isla de Montecristo. Cuando ha ahorrado lo suficiente va a la Oficina Gubernamental para hacerlo y se encuentra con que, unas semanas antes, un ciudadano franc?s se le adelant? y la isla ya no pertenece al Gobierno de Italia.
Antonio no se da por vencido. Busca al franc?s y le pide que le venda la Isla y le cuenta de los muchos a?os que lleva ahorrando para comprarla.
El propietario se la vende con mucho gusto pero sin ir a la Oficina del Gobierno sino con un simple papel firmado por ?l, como due?o, autorizando a Pellerini para que act?e como desee en relaci?n con esa isla in?til, siendo la ?nica condici?n insalvable que no la puede vender ni dejar en testamento como herencia para nadie. Si lo hiciera, ir?a a parar a la c?rcel, porque esa isla era la propiedad que le permitir?a a ?l, el due?o legal, comprar un t?tulo de Conde en Francia y disfrutarlo en Par?s y, a partir de ese momento, ese mont?n de piedras, se convertir?a en ′El Condado de Montecristo′ vinculado a su nombre de forma indisoluble. Por lo dem?s, una vez ?l estuviera convertido en Conde, se olvidar?a por completo de tal isla.
El lector, a trav?s de esta historia, podr? juzgar si fue buena o mala, la inversi?n de los ahorros de muchos a?os de nuestro protagonista...