Un romance hist rico ambientado en la Escocia medieval del siglo XIV. La novela que ha conquistado a miles de lectoras en Alemania y Estados Unidos, avalada por m s de 1.200 rese as.
Sobrevivi al naufragio.
Pero volver a Escocia podr a destruirla.
Enja regresa a las Tierras Altas despu s de a os lejos de todo lo que conoc a. Ya no es la ni a que parti . Ha aprendido a sobrevivir. A sanar. A luchar.
Y a no esperar que nadie venga a rescatarla.
Pero Escocia est en guerra.
Mientras Inglaterra avanza y el futuro del pa s pende de un hilo, Enja descubre que los enemigos no siempre llevan una espada.
Cuando su camino se cruza con James Douglas, uno de los hombres m s respetados de Escocia, comprende que algunas personas llegan a tu vida para cambiar tu destino.
Y otras...
para cambiarte a ti.
Pero el hombre que podr a convertirse en su mayor aliado ha ca do en manos del enemigo.
Para salvarlo, Enja deber adentrarse en una lucha que no le pertenece, confiar en personas capaces de traicionarla y enfrentarse a un poder mucho mayor que ella.
Porque algunas guerras se libran con una espada.
Pero las m s importantes... se libran entre el miedo y el valor.
Entre el pasado y el futuro.
Mientras cada decisi n puede significar la vida o la muerte, Enja descubrir que sobrevivir nunca fue la batalla m s dif cil.
La verdadera batalla ser decidir en qui n puede confiar.
A qui n merece entregar su lealtad.
Y por qui n est dispuesta a arriesgar absolutamente todo.
No es la guerrera m s fuerte.
No es la mujer m s temida.
Es la que nunca deja de luchar por aquello en lo que cree.
La Highlanderess es una historia donde los grandes acontecimientos de Escocia se entrelazan con personajes profundamente humanos, enfrentados a decisiones que pondr n a prueba su lealtad, su amor y su libertad.
Una novela para quienes buscan una protagonista valiente sin ser invencible, personajes por los que merece la pena sufrir y una aventura que permanece contigo mucho despu s de terminar la ltima p gina.
Enja no lucha para convertirse en una hero na.
Lucha porque rendirse nunca fue una opci n.