Amanec a, en hermoso campo meridional, bell simo y po tico d a de Abril. Una ligera niebla, que doraban los rayos de la naciente aurora, se desvanec a en la cima de las monta as, semej ndose a blanca nube de incienso perdida en el templo de la Naturaleza. El cielo, que a trav s de esta ligera gasa se descubr a, estaba azul, sereno, transparente, ocultando entre sus arreboles las estrellas, que parecen volar, al nacer el d a, a Dios, para beber nueva luz. Los campos, cubiertos de flores que ostentaban ufanas las gotas de roc o, sembrados de varios rboles, que parec an exhalar savia de sus tiernas reci n nacidas hojas; las aves, abriendo a los rayos de la primera luz sus alas, y dando sus tiernos gorjeos a las auras, que suenan blandamente, al deslizarse en la enramada, acompa ando en sus murmullos a los arroyos, que por mil pintados cauces reparten en desorden los caudales de las fuentes; la vida latiendo en todos los seres, como la sangre en el coraz n apasionado de un joven, dan a la creaci n en primavera semejanzas con la mariposa que se despierta de un sue o, y al romper su larva despliega las blancas alas, matizadas de mil cambiantes colores.Emilio Castelar y Ripoll (C diz, 7 de septiembre de 1832 - San Pedro del Pinatar, Murcia, 25 de mayo de 1899) fue un pol tico y escritor espa ol, fue presidente del Poder Ejecutivo de la Primera Rep blica Espa ola.Durante el reinado de Isabel II milit en la oposici n a la monarqu a desde diversos peri dicos, al mismo tiempo que impart a clases de Historia en la Universidad de Madrid. Uno de sus art culos le cost la c tedra, siendo condenado a muerte en 1865. Consigui escapar al exilio en Par s pero regres a Espa a con la Revoluci n de 1868, que destron a Isabel II. Ya en suelo espa ol se opuso al Gobierno provisional de Prim y a la monarqu a de Amadeo I de Saboya como uno de los principales l deres de los republicanos. Con el advenimiento de la Primera Rep blica en 1873 fue nombrado ministro de Estado, despu s presidente del Congreso de los Diputados y por ltimo jefe del Estado el 7 de septiembre del mismo a o. Partidario de un republicanismo unitario y conservador, no tuvo objeciones en aplazar las reformas sociales y en utilizar la fuerza para establecer el orden, provocando una moci n de censura en su contra de la mayor a federal, lo que precipit el golpe de Estado del general Manuel Pav a el 3 de enero de 1874. Durante la Restauraci n borb nica volvi al esca o en Cortes desde posiciones pr ximas al din stico Partido Liberal. Es recordado como uno de los oradores m s importantes de la historia de Espa a.
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