Siempre hab a so ado con el d a de su boda y con un esposo amoroso. Pero no de esta manera. No parada frente a un hombre que apenas conoce, firmando papeles que los atar n durante los pr ximos seis meses.
Pero cuando la herencia de Stella Maxwell pende de un hilo -sujeta a una cl usula matrimonial que nunca vio venir- toma una decisi n calculada. Encontrar a alguien respetable, alguien que necesite lo que ella puede ofrecer, y convertir su desesperaci n en una estrategia.
Entonces entra en escena Jason Khalid.
Un millonario hecho a s mismo con su propio imperio que salvar y secretos que protege como si fueran activos financieros. Un hombre controlado, calculador y completamente indisponible para cualquier cosa que se parezca a una emoci n real. Un hombre cuya propuesta de matrimonio viene con t rminos, condiciones y una fecha de vencimiento que deber a hacer que este acuerdo fuera perfectamente seguro.
Excepto que nada de vivir con Jason se siente seguro.
No es la forma en que le prepara el caf exactamente como le gusta sin preguntar. No es la forma en que la defiende ante juntas directivas hostiles con una precisi n que se siente personal. Ni la forma en que su exterior cuidadosamente controlado se agrieta lo suficiente para revelar a alguien que entiende lo que significa construir muros alrededor del coraz n... y lo que cuesta mantenerlos.
Se supon a que la atracci n entre ellos se mantendr a estrat gica. Se supon a que el acuerdo ser a temporal. Pero en alg n lugar entre las conversaciones matutinas y las confesiones de madrugada, entre actuar para las c maras y elegir la honestidad en privado, las l neas se desdibujan hasta volverse irreconocibles.
Stella jur que nunca necesitar a a nadie. Nunca arriesgar a el tipo de vulnerabilidad que destruy a su familia. Nunca dejar a que el amor se convirtiera en la moneda de cambio que alguien pudiera usar en su contra.
Pero eso fue antes de conocer al hombre detr s de la fachada calculadora. Aquel que es brillante y est tan da ado como ella. El que aparece cuando m s importa. El que la hace cuestionar si la protecci n es lo mismo que la fortaleza, o simplemente otra palabra para la soledad.
l no es en absoluto quien ella pensaba que era.
Y eso hace que alejarse de su esposo por contrato sea mucho m s dif cil... y elegirlo, un poco demasiado peligroso.