La Diab lica Santa de las tijeras se sacraliza a base de mutilaciones. Varios hombres, sectarios, guatemaltecos, van a ella y cortan parte de sus dedos durante una ceremonia llevada a cabo en el ba o. Una vez bendecida por estos seres que parten sin decir adi s, empieza su carrera de santa robando a una ni a que corta como si fuese una flor. Cada p talo es un dedo. Los se ores inquisidores amenazan, la reprueban, pero ella persiste en su vocaci n bastante similar al trabajo de la Inquisici n. Usa las tijeras a diestra y siniestra. Lo mismo corta orejas que nariz. Rebana dedos y lenguas propios y ajenos. Ese es el sentido esencial de su presencia. Parla con el diablo y con los se ores inquisidores, seres llenos de p stulas que rompen su carne. Ellos terminar n canoniz ndola debido a la enorme semejanza entre santa y tribunal de la Fe. Los verdaderos santos han perdido dientes, dedos, u as... El mejor ejemplo son las estatuas de madera, pasta, m rmol en decadencia que hacen presencia en iglesias. Aquel que no est dispuesto a perder una parte esencial de su cuerpo jam s entrar a formar iglesia con ella, quien se ha ganado una repisa junto a los otros santos que sonr en o lloran por falta de miembros. Al tiempo que se mutila, corta flores vivas y se encuentra en el cubo de la escalera con alguien parecido a su padre, polic a asesino. Hoy, la santa, tiene su lugar en el templo. Ha muerto? No precisamente, porque reaparece cuando alguien sue a con ella y la atrae a trav s de inclinaciones masoquistas, como el hombre planchado, m scara de sangre y la familia de muertos que vuelve de la tumba con el s lo prop sito de torturar a un padre miserable.
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