Qu pasa con los muertos que nadie recuerda?
No descansan. Esperan. Y cuentan.
En 1925, Joaqu n Villarreal asesin a su hermano. Su familia hizo algo peor que enterrarlo: lo borr . Sin tumba. Sin nombre. Sin altar. Solo el silencio c mplice de los que decidieron olvidar.
Pero los muertos olvidados no se van.
Se quedan detr s del espejo.
Noventa y nueve a os despu s, Mar a encuentra una fotograf a sin rostro y un libro familiar lleno de nombres tachados. Desde ese instante, algo empieza a ceder: su reflejo se vuelve tenue, su madre ya no la recuerda, y en cada superficie empa ada aparece un n mero.
97; 96; 95...El conteo ha comenzado. No hacia la muerte - hacia algo peor.
Para sobrevivir, Mar a deber descender al Mictl n y enfrentarse a los que habitan entre el cempas chil marchito y las velas que nadie volvi a encender. Deber nombrar lo que su familia eligi callar. Porque la deuda de los olvidados no se hereda en sangre.
Se hereda en silencio.
La muerte no es el final. El olvido s .