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Paperback It Is Finished (Spanish 10-Pack) [Spanish] Book

ISBN: 1682164586

ISBN13: 9781682164587

It Is Finished (Spanish 10-Pack) [Spanish]

Consumado es

Las ltimas palabras de Jesucristo, colgado en esa cruz, fueron: Consumado es (Jn 19:30). Qu significa eso?

Significa que, cuando Jesucristo apareci hace veinte siglos, no vino a fundar una nueva religi n. Vino a poner fin a toda religi n.

La religi n se basa en lo que hacemos por Dios. El mensaje de Jes s (lo que l llam el evangelio o el feliz anuncio ) se trata de lo que Dios ha hecho por nosotros.

La religi n nos deja un mont n de facturas pendientes. El evangelio nos entrega un cheque en blanco.

El mensaje central del cristianismo

El mensaje central del cristianismo no es lo que muchos piensan, incluso quienes han asistido a la iglesia toda su vida. Como un hu rfano adoptado que tiene dificultades para aceptar que sus nuevos padres realmente lo aman, todos nosotros, en lo m s profundo, creemos que Dios nos trata en t rminos de religi n, no del evangelio.

Entonces, cu l es el mensaje central del cristianismo?

El mensaje central del cristianismo no es que Dios condena, juzga o castiga. Tampoco es que Dios ense a, ordena o instruye. Ni siquiera es que Dios ayuda, fortalece o empodera. El mensaje central del cristianismo es que Dios sustituye.

Esto lo entendemos en la vida cotidiana. Un maestro sustituto toma el lugar del titular que est enfermo. Un jugador de baloncesto sale del banquillo para reemplazar a otro que est cansado o lesionado.

Entonces, qu estaba ocurriendo cuando Jes s estaba en la cruz pronunciando sus ltimas palabras: Consumado es ?

Estaba completando su obra como nuestro sustituto. Se estaba colocando en nuestro lugar, si estamos dispuestos a aceptarlo. Pero esto no era como el cambio de un jugador por otro. Era m s bien como un rey que toma el lugar de un prisionero condenado.

En la cruz, Jes s sufri la muerte y la sentencia de condenaci n que todos merecemos. Cumpli por completo el castigo que nuestro pecado exig a, para todo aquel que lo desee. Y por eso dijo: Consumado es .

El problema devastador

C mo te suena esto? Tal vez te parezca interesante, pero no del todo convincente.

Quiz pienses que hay personas que realmente necesitan el perd n de Dios (las c rceles est n
llenas de ellas), pero t est s bien. Tal vez la idea de un rey que sustituye a un prisionero condenado te haga levantar una ceja. Yo no soy un prisionero culpable , podr as pensar.

Eres amable con tus vecinos y respetas los l mites de velocidad. La polic a no te ha arrestado nunca y jam s abandonaste la escuela. Votas como lo har a cualquier ciudadano responsable y tratas de preocuparte por los dem s. Quiz s incluso hayas donado dinero a causas ben ficas de vez en cuando.

Puedo ser tan atrevido como para compartir algo sobre m ?

Todo lo anterior tambi n es cierto en mi caso.
Y, aun as , a cada instante, estoy violando los
mandamientos del Dios que me cre .

Tomemos los Diez Mandamientos como ejem-
plo. El primer mandamiento dice: No tendr s dioses ajenos delante de m (Ex 20:3). En otras palabras, Dios debe ser la persona n mero uno en mi vida, en quien deposito mi confianza. Pero constantemente conf o en m mismo: dependo de mis propias habilidades, conf o en mi reputaci n, disfruto de la aprobaci n de los dem s, obtengo seguridad psicol gica de mis ahorros. No pasa un solo d a sin que rompa este mandamiento.

El sexto mandamiento dice: No matar s . Nunca le he quitado la vida a nadie, pero Jes s dijo que rompemos este mandamiento si nos enojamos con otra persona (Mt 5:21-26). Me enojo todo el tiempo, aunque por lo general logro mantenerlo bajo control.

El s ptimo mandamiento dice: No cometer s adulterio . Una vez m s, Jes s fue al coraz n del asunto y dijo que rompemos este mandamiento si miramos a otra persona con lujuria en el coraz n (Mt 5:27-30). Lo he roto incontables veces.

He quebrantado el noveno mandamiento, el de no mentir, muchas veces: una peque a distorsi n de la verdad, una explicaci n matizada que me hace quedar un poco mejor. He quebrantado el d cimo mandamiento, el de no codiciar, cada vez que he mirado a otra persona y he deseado tener alguna habilidad o posesi n suya.

Si soy honesto, he roto todos los mandamientos.

Estoy violando los mandamientos de Dios a cada paso. Y t tambi n.

El problema a n m s profundo

Pero nuestro problema es m s profundo que simplemente quebrantar los mandamientos de Dios.

Romper sus reglas es solo el s ntoma, no la enfermedad. La enfermedad es lo que la Biblia llama pecado . El pecado es esa oscura distorsi n interna que nos lleva a vivir para nosotros mismos. A medida que avanzamos por la vida, todo lo que sabemos hacer es vivir para el Yo. Incluso los actos de amor o amabilidad hacia los dem s, si los examinamos con sinceridad, muchas veces los hacemos solo para sentirnos mejor con nosotros mismos o para que los dem s piensen bien de nosotros.

Puede que no sintamos que somos tan pecadores, del mismo modo que un pez no siente que est mojado. Pero el motivo porque no lo sentimos es porque estamos inmersos en ello todo el tiempo.

Imagina que el pecado fuera de color azul. Pues no se trata de que los criminales convictos tengan mucho azul y el resto de nosotros estemos pr cticamente limpios y blancos. M s bien, todo lo que cada uno de nosotros dice, hace o incluso piensa tiene alguna mancha de azul. No podemos apagar nuestra pecaminosidad como tampoco podemos cambiar el color de nuestros ojos.

Pero cuando Jes s apareci , l era diferente. Nunca quebrant ninguno de los mandamientos de Dios. Fue la nica persona que no vivi para s misma, sino para los dem s. Entreg su vida por los dem s. Nosotros, en cambio, vemos a las personas en funci n de c mo pueden servir a nuestro prop sito de tener una vida mejor. Vivimos una existencia de tu vida

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