...] El d a en que Luc a Vannoni toc el timbre de mi puerta, yo enfocaba la c mara sobre una embarcaci n de lujo, el Stella di Roma, que acababa de fijar los amarres a uno de los noray del paseo. ...] ― Es usted el signor Eduardo Fuentes? -me pregunt la reci n llegada con una amplia sonrisa nada m s abrir la puerta. No la conoc a de nada. Ten a el pelo casta o oscuro y el rostro bellamente modelado de una Jaclyn Smith de los setenta. Le calcul treinta y pocos a os. ...]―Busco al signore Claudio Fabricio Nevi Lo conoce? ― Al capit n?, claro que lo conozco Somos amigos
...]―Bien, entonces debe saber lo que sucedi . En concreto, me refiero al mot n que se produjo mientras navegaba frente a estas costas. En aquel viaje llevaba una tripulaci n que hab a reclutado en N poles. l era un marino hecho y derecho, pero sobrevaloraba su autoridad. Siempre hab a cre do que pod a dominar cualquier situaci n mediante una f rrea disciplina, pero se equivocaba por completo: aquellos individuos eran de la peor ralea y estaban comandados por un tal Bruno Berardi: un apuesto canalla sin escr pulos. Una noche, d as despu s de hacerse a la mar con una carga valiosa, el tal Berardi dio orden a sus hombres de tomar la nave, de apresar al capit n y de apalearlo hasta la muerte. Luego, lo arrojaron al mar....
...] Bruno Berardi se hab a encaprichado de Bianca, la mujer del capit n, y se hab a propuesto conquistarla al precio que fuera. Lo de la mercanc a fue una excusa para alentar a su gente. Berardi era un hombre inteligente y esto pudo ser decisivo para que tuviesen xito ...].
Un relato al estilo de las mejores novelas rom nticas del siglo XX en el que los personajes se mueven con sorprendente realismo. El propio narrador acaba sinti ndose un privilegiado.