La iglesia de Cristo es un cuerpo vivo, din mico, en constante movimiento y transformaci n. Pero como todo cuerpo, tambi n puede herirse, desgarrarse y fracturarse. Y aunque muchos hablan de crecimiento, avivamiento y multiplicaci n, pocos se atreven a hablar de lo que verdaderamente destruye una casa espiritual: la fragmentaci n.
Este libro nace no de teor a, sino de experiencia. No fue escrito desde la comodidad del xito, sino desde la profundidad del quebranto. Cada p gina es el reflejo de un proceso donde fui golpeada, sacudida y quebrada... pero tambi n levantada, sanada y enviada nuevamente por la mano del Dios que no abandona a los suyos.
Una fractura ministerial no ocurre de un d a para otro. Se gesta en silencios, en susurros, en decisiones mal tomadas, en corazones heridos y en l deres cansados. Y aunque a veces el dolor es provocado por otros, otras veces tambi n es producido por nosotros mismos. Por eso escribir este libro fue para m un acto de valent a, honestidad y obediencia.