Por tales razones, igual que los cuentos de este apóstata, el prólogo, supuestamente mío, tampoco lo es. Cada coma, frase, punto y coma, metáfora o salida novedosa es producto de un enorme esfuerzo de escarbar, sin rubor, en el socavón estético de otros prologueros que en el mundo han sido. Advierto, para las pistas del avezado lector: el saqueo lo hace, este homínido implume, en cuatro vetas de oro: en las novelas de la generación perdida norteamericana; en el bel canto del petrarquismo y sus acólitos (Papini, inescrutabile est); en las clásicas letras de las Europas del Este, especial, la rusa y, punto de sal en el guiso del cordero, en las obradas del donoso escrutinio que este redomado rucio reincidente mondare, en el yantar de las letras de la república de La Mancha. Vale.
Eulogio Cortés, PhD
Torre de Marfil, Florencia,
a XXVII de X, del sacratísimo anno de MMXII