Daniel Dubois ya no distingue lo real de lo imaginado. Entre noches sin sue o y calles que parecen observarlo, su vida se desploma hacia un abismo que no logra comprender. Su bandeja de entrada se llena de correos inquietantes: mensajes que quiz solo l haya pensado, palabras que despiertan miedos que no sab a que exist an, escritos de personas que tal vez ya no est n vivas... o tal vez nunca hayan existido. Cada notificaci n lo acerca a algo que lo acecha, y a n as no puede apartar la mirada.
Emma Morales tambi n est atrapada. El edificio donde se refugia respira a su espalda, los pasillos se estiran como si tuvieran vida propia, y las puertas se abren hacia la nada. Cada intento de escapar solo la conduce m s adentro, como si las paredes quisieran devorarla.
En Hollowbrook, la ciudad es un depredador. No hay mapas, no hay salida. Solo fragmentos de realidad distorsionada, sombras que susurran y un murmullo persistente que insiste:
Lo que cre as conocer... ya no existe.