Es una verdad universalmente reconocida que una persona en posesi n de un jefe ca n nunca debe liarse con l y, ni mucho menos, enamorarse.
Si Jane Austen hubiera trabajado en una oficina, habr a escrito algo as , segur simo.
Marcos Moreno, mi jefe, no es Mr Darcy, pero bien podr a ser el protagonista de una novela: irresistible, reservado y digno de un monumento. Lo peor: que tambi n es parte de la fantas a, porque ni en este mundo ni en uno ficticio se fijar a en alguien como yo. Aunque... despu s de ese acalorado encuentro en el ascensor quiz la historia de mi cabeza termine reescribi ndose y esa regla de no liarme con el jefe acabe triturada cual documento confidencial.
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D nae Mor n me trae de maldita cabeza. S , ya s que soy el jefe y que eso no est bien, pero es que, cada vez que la veo, me pongo malo. El coraz n se me salta una decena de latidos, me abrasa un calor infernal y me imagino viviendo una vida con ella. No estoy acostumbrado a sentir esto, pero me encanta sentirlo. Adem s, estoy convencido de que juntos vamos a funcionar por mucho que ella piense eso de: Hagas lo que hagas, no te l es con tu jefe. Echar abajo la barrera que ha levantado con mucho buen rollo, momentos nicos y amor. Amor del bueno.
Ah, s , y montando alg n que otro mueble y, bueno, otras cosas...
Mejor no digo en voz alta lo del cuarto de la fotocopiadora.