Clara rentaba la habitaci n 314 una noche al mes. Siempre sola, siempre en martes, siempre con una maleta peque a y la cara de quien se pas el d a siendo til a mucha gente. Sub a y no volv a a bajar. Nadie la visitaba nunca.
Durante casi un a o fui, sin que ella lo supiera, la esp a de su soledad. Y lo que descubr detr s de esa puerta no fue un romance: era una mujer de cuarenta y siete a os reaprendiendo a habitar un cuerpo que llevaba dos d cadas sirviendo nicamente a los dem s.
Porque para desear a alguien, primero tiene que haber alguien que desee.
Este es el libro m s carnal que he escrito, y transcurre casi entero en una habitaci n vac a. Habla del cansancio que dormir no cura. De la irritaci n con cosas peque as que no es defecto de car cter. De la sensaci n de que la casa sigue funcionando pero ya no vive nadie ah . Y habla, sobre todo, de lo que le pasa a la cama de un matrimonio cuando una de las dos personas se ausent de s misma; y de c mo vuelve.
Vas a reconocerte si:
duermes siete horas y despiertas cansadate preguntan qu te gusta y no sabes qu contestargastas sin pensar en los tuyos y te parece inmoral gastar en ticuando tu pareja te toca, lo primero que haces es calcularhace a os que no pasas una hora sin que nadie te necesiteAqu no vas a encontrar un plan de seducci n. Vas a encontrar 55 Llaves: una por cada cosa que Clara y yo fuimos entendiendo, martes tras martes, sobre la desaparici n silenciosa de las mujeres dentro de sus propios papeles. Ninguna de esas llaves abre una puerta de salida. Todas abren la misma puerta de entrada: la de una habitaci n peque a, la de una hora protegida, la de un lugar donde nadie toca.
Chimenea, no incendio. No se trata de dejarlo todo. Se trata de una puerta cerrada por una hora: la nica chimenea que, si se apaga, deja todas las dem s sin lumbre.
Para la mujer que ama a los suyos y ya no se encuentra a s misma en ninguna parte de su d a.