Escribir sobre Oriana Fallaci no es un ejercicio de biograf a convencional, sino un acto de exhumaci n espiritual. No se trata de desenterrar fechas, nombres de peri dicos o galardones acumulados en estanter as de Florencia o Nueva York; se trata de recuperar un fuego que, aunque f sicamente se extingui en una cl nica toscana, sigue quemando las manos de quien se atreve a rozar sus p ginas. Esta novela nace de esa combusti n. No pretende ser un informe objetivo -pues Oriana despreciaba la objetividad como una m scara de la indiferencia y la cobard a-, sino un descenso a las v sceras de una mujer que hizo del periodismo una forma de guerra y del amor una forma de martirio absoluto.