"Guerras de fuego"; as denominaron los historiadores romanos su larga lucha contra los celt beros. Y ello porque, acostumbrados como estaban a dirimir el resultado de sus guerras en una sola batalla -las menos de las veces, en una segunda-, la propia acci n de las guerras ib ricas, cuyas batallas solo cesaban al caer la noche, sin que stas dirimieran nada salvo un sendero de heridos y cad veres que deb an ser retirados a la luz de las antorchas y homenajeados a trav s de la cremaci n de sus cuerpos en grandes piras funerarias, alent el pensamiento de los relatores de la historia hacia esa denominaci n de "guerras del fuego", en la idea de que si se buscara algo similar para nombrarlas, ning n calificativo de los conocidos se adaptar a mejor.