Los poetas siempre han invocado a los dioses para cumplir sus deseos, para dar vida a sus fantas as. En esta, su pera prima, Brice o convoca a los dioses, los moldea, juega con ellos y deja su destino a los dados, que giran a voluntad entre versos puntuales y precisos. Pero tambi n mueve piezas como si armara una partida de ajedrez: combina el azar con la estrategia, el impulso con la reflexi n. As construye una po tica que viaja por emociones diversas y explora las m ltiples rutas que toma la vida.
El autor desaf a la vida y la muerte, arriesga poemas como travesuras en el tiempo, que manipula a su favor. A veces lanza, a veces calcula. Termina como un h roe que doma a las bestias, en especial a la que habita en su interior: un Minotauro que cae en un jaque po tico, tras una tirada que lo expone y una jugada que lo vence.
Cada poema enamora o desenamora seg n el pulso del hilo conceptual que los sostiene y evoluciona en cada p gina. Es una apuesta en manos de un ni o-dios que todo lo controla, que goza mientras libera, trasciende y deja atr s fotograf as lanzadas al azar.
Como en toda haza a, el caos irrumpe. El autor lo abraza, lo convierte en aliado, tuerce las l neas y convoca la nostalgia de paisajes salvajes, m s cercanos a la m sica y al cine, que ahora se suman a esta nueva geograf a po tica.
Y como buen escritor que se concede placeres, no faltan la cerveza, el whiskey y el aperitivo: detonantes de deseos que quedan grabados -no como sombras, sino como huellas- entre las p ginas. Nos invita a contemplar la sensualidad de los encuentros fortuitos, interrumpidos, que dejan rastros en servilletas, en recuerdos que, con el tiempo, dejan de doler y se transforman en dulce apolog a.
JOSU TREJOS C.Related Subjects
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