Antiguas guerras me marcaron ocurridas en mi planeta natal Otpige, el cual no he visto desde hace largo tiempo. Nosotros no envejecemos tan r pido como los terr colas. Nos hacemos llamar Otpige. Fuimos creados del gran poder divino al igual que el propio ser humano, tenemos la fortuna de ser poderosos en la batalla cuerpo a cuerpo, fuertes, r pidos, con o dos tan sensibles que podr amos escuchar un alfiler caer a m s de cinco kil metros, incluso podemos sentir el esp ritu guerrero de otras razas, as como su nivel de pelea por todo el sistema solar, cada uno de ellos es diferente, pero leal al creador. Por varios a os los humanos han cre do que est n solos en el universo, que Dios s lo los cre a ellos a su imagen y semejanza, pero tambi n El Absoluto nos cre , y a otros m s de distintas especies para proteger a sus preciados humanos. Luchamos contra el mal mismo. Cada pr ncipe y cada civilizaci n tienen la tarea de acabar con los repudiados ngeles ca dos que siguieron al oscuro, nuestros enemigos que pretenden da ar a nuestros valiosos seres de igualdad. Los humanos, nuestra raz n de seguir con vida en el sistema es su absoluta protecci n. Llegu a la Tierra en forma de feto sin haber crecido correctamente en un vientre materno, extra da de un robot que me manten a con vida por mandato de m reina madre Luz, para protegerme de mi propia familia. Bueno eso me contaron. Mi abuelo Leo Ni Ali y mi t a Denia quer an exterminarme por la lectura de una antigua profec a que me marc al nacer. La profec a se dice fue escrita por el gran ngel hace milenios en una cueva donde habitan los humanos al que llaman tierra santa, donde se dio al mejor profeta de Dios. Durante mis d as en la Tierra criada por la misma naturaleza con el don del conocimiento, muchas veces sue o con lo que podr a ser la antigua guerra en mi planeta por mi propia destrucci n. Por qu me dejaron sola, en la Tierra? Sin la protecci n de un hogar. Aunque s que tengo la clave para la salvaci n de la humanidad. Algo m s all de la Tierra pas que debi desatar mi b squeda. No soy humana, pero la semejanza es asombrosa tu gran Dios dijo algo hace mucho tiempo. H gase al hombre a nuestra semejanza, resultando ser lo m s bello del universo
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