A los veintid s a os, me plant ante la m xima autoridad naval de Per con pruebas de su traici n:
una comisi n de seis meses que se hab a convertido en una condena de dos a os que yo jam s hab a aceptado.
Los documentos eran claros. El enga o era innegable.
Pero el almirante se neg a escuchar.
As que le arroj mi gorra al almirante.
Lo que sucedi despu s me transform , en una sola tarde, de un militar condecorado a un fugitivo.
Corr . A trav s de la base. Pasando las puertas. Fuera del pa s ese mismo d a.
Esta es la historia de c mo la injusticia institucional enciende la rebeli n,
c mo un acto de desaf o de una fracci n de segundo puede exiliarte de todo lo que conoces,
y c mo un momento explosivo se convirti en el catalizador de una vida completamente diferente,
una que jam s habr a podido imaginar.
Algunos escapes no son solo f sicos. Algunos forjan en qui n te conviertes.