Pero en medio de ese realismo, tambi n hay algo que no encaja. La fantas a, en estos relatos, no crea mundos nuevos: se limita a revelar las grietas que hay en el nuestro.
Con una prosa visual, precisa y contenida, estas historias tratan lo imposible con la naturalidad de una cr nica period stica. Sin modo subjuntivo. Sin interpretaciones. Sin fuegos artificiales. Porque lo inquietante no es que ocurra algo fant stico, sino que ocurra como si fuera lo m s normal del mundo.