Y, solo as , este sol inalcanzable hab a encontrado a su caro. Un ser audaz que, con cada batir de sus alas, desafiaba la distancia y el abismo que los separaba. Quer a hacerlo arder en su llama, envolverlo en un calor tan intenso que le hiciera sentir la vida en cada poro. Pero, al mismo tiempo, deseaba protegerlo, cuidarlo como quien sostiene algo fr gil y precioso entre sus manos. Porque, aunque el fuego podr a consumirlo, tambi n sab a que era su luz la que le daba alas para volar m s alto.