Con precisi?n e intensidad, cada texto tiene su propia l?gica y constituye un universo cerrado y autosuficiente. El peque?o hombrecito -hom?nculo ser?a la palabra que lo define- devorando ni?os y cavando un agujero siniestro que engulle lo que hay a su alrededor. Los trompos, reflejos de vidas humanas girando como las infinitas part?culas de polvo perceptibles en un rayo de luz, motivo ?nico en los lienzos de Sof?a, pintora "experta en espejismos". El haz luminoso multiplicado por los grandes espejos que dibuja arabescos y la transmutan en luz, quiz? reflejo de la emoci?n que atraviesa y envuelve su cuerpo. Sof?a, la mujer, y los polivalentes cuadros como entidad ?nica. Similarmente la enigm?tica fotograf?a cambia de formas y comporta ominosos presagios. Nada es est?tico. La realidad es l?bil, evanescente, y relativa.
Vigila Argos, el gato ciego cuya condici?n de ciego conlleva cien ojos de visi?n permanente. Imposible escapar a la mirada hipn?tica que ve m?s all? de lo aparente. S?mbolo que se duplica en otro texto cuando una sola mirada basta para penetrar en un conglomerado social sometido al escrutinio abusivo de su intimidad personal, tal como lleva a cabo un mis?ntropo mentalmente perturbado: el conserje-aseador violador de la correspondencia, calco del ojo ubicuo del subterr?neo y maquiav?lico control social. Un mundo en donde, pese a seguir las instrucciones, fallan las m?gicas recetas de consumo f?cil y tambi?n las expectativas de rehacer los lazos afectivos rotos por el tiempo, la desconfianza o la antisolidaridad. Todo se desmorona en el micromundo de cada personaje. Todo se resquebraja en el amplio de la esfera planetaria.
Magn?fico t?tulo en la compilaci?n de historias unificadas por una atm?sfera ominosa y opresiva en las que se palpa una violencia soterrada, fluctuante e indefinida. En donde no hay derrota de los "malos". El cuento del hombrecito, despu?s del cataclismo que provoca, remata en dos o tres frases que expresan su frialdad y desparpajo: "se quit? el sombrero para sacudirlo, tambi?n sacudi? del traje negro algunas gotas de lluvia. Dio un brinco y desapareci? entre la apacible neblina de la madrugada". Triunfa, tambi?n, el conserje fisg?n de vidas ajenas que se ufana de su haza?a: "El techo se ha llenado de palabras, mi vida se ha llenado de palabras. Nadie lo sabe, solamente yo, yo, un maldito conserje-aseador que quiz?s ha podido leer el coraz?n del mundo".
Qu? bien por Rebeca Becerra que trabaj? sus textos narrativos con la misma precisi?n de su legado po?tico! Con la fuerza de las poderosas im?genes que construye. Pero, sobre todo, qu? bien por la cuent?stica hondure?a que se enriquece con Enigma del gato ciego.
Helen Uma?a