Lucas Mart nez se encontraba de pie frente al imponente edificio del Museo de Arte Contempor neo de Granada. El sol del atardecer ba aba las fachadas de piedra con una c lida luz dorada mientras las sombras comenzaban a alargarse, preludio de su primer turno nocturno en aquel lugar. Aunque hab a trabajado como vigilante de seguridad durante m s de una d cada en varios sitios de la ciudad, hab a algo diferente y misterioso en su nuevo destino.