Es una verdad insoportable que la raz n sea el ltimo refugio de los condenados. Me encuentro aqu , en la penumbra de una estancia que exhala el aliento f tido de los siglos, jurando ante la vacilante llama de una vela que mi mente permanece tan afilada como el bistur de un cirujano. Sin embargo, no es acaso la lucidez extrema, la forma m s depurada de la locura? He escuchado el latido de la tierra bajo los cimientos de esta mansi n, un pulso r tmico y pesado que parece marcar la cuenta atr s de mi propia existencia.