El tacto del mundo es una invitaci n a descalzarse. A sentir bajo las plantas de los pies la aspereza de la roca, a mancharse los dedos de barro para construir un techo que nos pertenezca, y a sentarse junto a una lumbre primigenia a escuchar el silencio absoluto de la monta a. Es una advertencia sobre la fragilidad de nuestra condici n y, a la vez, un canto de esperanza brutal.
Pase el lector la p gina, abandone el confort de las certezas climatizadas y acomp enos a la intemperie. La tormenta est a punto de empezar, y le aseguro que mojarse, por primera vez en mucho tiempo, ser una bendici n.