En la Nochebuena palentina de 1984, un ins lito suceso deja sin hermano a Silvia. Poco tiempo despu s la ni a pierde tambi n a su madre y es llevada a Madrid con su t a, desde donde se va distanciando de aquellos primeros a os de vida hasta pr cticamente disolverlos en una sustancia inocua y llevadera.
Pero la identidad es una ficci n construida de recuerdos m s o menos definidos y, a veces, una lectura pausada de esa quimera, un destello de ingenio en una tarde pesada, los acordes de una guitarra en la radio del coche, una fotograf a o una conversaci n, descubren falta de verosimilitud en el discurso, y se instalan como par sitos da inos que pixelan lo cotidiano. Entonces, novelistas compulsivos que somos, nos lanzamos a las sombras del pasado en busca de verdades que encajen en la narraci n. Y volvemos a aquella ciudad borrosa, superponemos las caras que ten amos sobre las actuales para buscar equivalencias y nos entregamos a heroicidades que no imagin bamos que pudieran tenernos como protagonistas.