Desde un despacho an nimo en Madrid, Conrado Vega lleva once a os procesando datos que nadie lee. Hasta el d a en que detecta algo que no deber a existir: un patr n estad stico que conecta bombardeos en Gaza, Ucrania e Ir n con movimientos log sticos y financieros en puertos espa oles del Mediterr neo. No es una conspiraci n. Es algo peor: es el modo en que funciona el mundo.
Cuando eleva el informe, la respuesta es el silencio. El documento no se rechaza. Se archiva. Y alguien, desde dentro del sistema, le hace saber que no est solo.
En Valencia, Minerva R os lleva meses siguiendo un contrato de suministro inflado que nadie m s quiere investigar. Lo que empieza como una historia menor sobre corrupci n administrativa la conduce, paso a paso, hasta la misma red que Conrado ha encontrado desde el otro lado: una arquitectura de intermediaci n que conecta empresas espa olas, intereses europeos y conflictos armados lejanos a trav s de una l gica tan integrada en el sistema que ya nadie necesita ordenarla. Simplemente ocurre.
Juntos, sin buscarse, comienzan a construir el mapa de algo que tiene nombre pero no documento: el Protocolo mbar. El principio impl cito seg n el cual determinados conflictos son m s tiles encendidos que apagados, y la funci n de los pa ses perif ricos -Espa a entre ellos- es garantizar que el fuego tenga combustible sin que la llama se descontrole.