Entrar en la vida de Otis Redding no es abrir un libro de historia, es profanar una tumba de fuego para encontrar un coraz n que todav a late a una frecuencia que la t cnica moderna no ha logrado domesticar.
Para el lector que se asoma a estas p ginas, es imperativo entender que no estamos ante un cantante de baladas, sino ante un fen meno geol gico. Otis no emit a sonidos; Otis desplazaba placas tect nicas con la laringe. En este pr logo, nos despojamos de la frialdad del bi grafo para vestir la t nica del testigo, porque hablar de Otis es hablar de la ltima vez que la m sica popular fue, de manera incontestable, un asunto de vida o muerte.