Dios no escoge como escoge el hombre.
Nunca lo ha hecho.
Desde el principio, lo evidente fue pasado por alto,
y lo d bil fue llamado al centro.
Lo fuerte observ desde lejos,
mientras lo vil fue tomado de la mano.
Este libro no fue escrito para exaltar al hombre,
sino para revelar el patr n de Dios.
Un patr n que incomoda,
porque deja sin argumentos a los que conf an en su nombre,
en su linaje,
en su fuerza
o en su posici n.
Aqu no se habla de m ritos humanos,
sino de elecciones divinas.
De c mo Dios toma lo que fue descartado
y lo convierte en instrumento, se al y juicio.
Si este libro te resulta inc modo,
no es un error.
Es una confirmaci n.
Porque Dios sigue haciendo hoy
lo mismo que hizo ayer:
usar lo vil y lo menospreciado
para avergonzar lo que se cre a seguro.