El altar no fue destruido por falta de piedra.
Fue derribado por interferencia.
En tiempos de El as, Israel no hab a olvidado a Dios por ignorancia, sino por distracci n. Entre el pacto y el pueblo se levant una tercera voz. Y cuando una tercera voz ocupa el centro, el altar cae.
El as no vino a crear algo nuevo.
Vino a restaurar lo que ya exist a.
No construy un altar moderno.
Repar el que estaba derribado.
Doce piedras.
Identidad antes que fuego.
Memoria antes que manifestaci n.
Este libro no es una biograf a del profeta.
Es un recorrido por el proceso invisible que ocurre cuando alguien decide volver al orden correcto.
Aqu no encontrar s espect culo espiritual.
Encontrar s peso.
Porque el fuego impresiona,
pero el silencio despu s del fuego forma car cter.
Y el verdadero altar no se levanta en el monte.
Se levanta en el coraz n.
- El Mensajero