Un mundo tan oscuro y corrompido por todas partes que lo correcto, lo ?tico o lo moral, eran virtudes extintas, diezmadas y perseguidas hasta su completa aniquilaci?n.
La abstracta fe -como ?ltimo recurso al que aferrarse- se hab?a estrellado contra la cruda realidad. La tierra se volvi? ?rida e inf?rtil, el clima era seco y las temperaturas extremas, causando que las plantas y los animales fueran desapareciendo y que en su lugar surgieran seres aterradores. Los pecados, la malicia y la oscuridad hab?an engullido completamente al ser humano, mostrando su naturaleza m?s inhumana. El creador hab?a lanzado sus salvavidas celestiales a aquellos que no hab?an sucumbido, aquellos que ten?an la oportunidad de llegar al cielo sin haber perecido; no eran simples almas puras y eternas, que como recompensa ascend?an al el?seo despu?s de fallecer, se les denominaba ?ngeles, congelados en el tiempo, pues no estaban ni vivos ni muertos. Ten?a veintitr?s a?os cuando ocurri?. Iba conduciendo por la carretera a altas horas de la madrugada cuando mi coche repentinamente se detuvo, yo comenc? a elevarme, traspasando el techo del veh?culo y levitando hasta el cielo. Fue entonces cuando me qued? petrificada en el tiempo. No sab?a cu?ntos a?os hab?an pasado desde aquello, pero yo segu?a aparentando la misma edad; mi pelo no blanqueaba, mi cara no se arrugaba, no experimentaba nada de lo que era la vida; los placeres o dolores, las alegr?as y las tristezas, me encontraba en un c?rculo infinito plano, sin intensidades ni depresiones. Despertaba cada ma?ana como una flor que extraordinariamente se iniciaba ante una est?tica e insustancial rutina diaria, sin prop?sitos ni deseos personales, sencillamente estar y cumplir con el cometido. Nosotros,