Idoia Aramburu lleva treinta y cuatro a os trabajando como farmac utica en un hospital de Bilbao. Le quedan diez meses para jubilarse y un cierre trimestral m s sobre la mesa. Hasta que una cifra le rasca.
Un doce por ciento de variaci n en el consumo de opioides de la cuarta norte. Verano sin alta actividad. Ning n umbral oficial saltado. Nada que un comit de farmacovigilancia mire dos veces.
Pero Idoia lo apunta en un post-it amarillo y lo guarda en una caja vieja de clips. Empieza as , en septiembre, una investigaci n discreta que la llevar por sesiones de comit , sobremesas en Algorta, llamadas a Madrid y una sala B-12 que nadie quer a abrir.
Una novela sobre el oficio de mirar bien las cifras cuando ya nadie te paga por mirarlas.