No soy una mujer. No soy un simple rastro de la memoria. Soy un territorio conquistado por el porvenir.
Quien posea la frecuencia, gobernar el destino biol gico de la humanidad entera.
En las entra as mismas del mundo, el aire ya exhala un hedor a tiempo calcinado y al ozono de una tormenta que se gesta. El Protocolo ED N ha sido invocado. Los dioses antiguos se desmoronan hechos cenizas, los imperios financieros se hunden en la ruina y el reloj de la civilizaci n se ha detenido en el cero absoluto.
Una sola elecci n. Una falla en el c digo. Un Apocalipsis que, en realidad, no es sino el siguiente pelda o hacia lo alto.
Dos depredadores, encadenados a un destino compartido y manchado de sangre.
Un nico segundo de transmisi n sagrada.
Siete a os de un infierno mutuo.
Si no logran sincronizarse en este preciso instante, el mundo no se limitar a cambiar. Sencillamente, se apagar .
l sonri por primera vez en su vida -con la alegr a pura y cristalina de un hombre que sabe, al fin, que ha regresado a casa-.
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El mundo renaci . M s all del alcance del tiempo. Fuera de las garras del miedo.
En el seno del Amor.
La supervivencia no fue m s que el preludio.