El perd n permite que las heridas abiertas sanen bien, la cicatriz que nos queda es el recordatorio, la memoria del evento. Sin perd n, la herida queda abierta, en muchos individuos, por toda una vida. Esa herida abierta duele, se llena con el tiempo de porquer a, de hediondez. Se infecta, y condiciona en el resto de nuestras decisiones.
La falta de perd n son como las cadenas que mantiene al humano atado al muro del dolor. El perd n nos libera de ese muro. Y aunque nos queden marcas en las mu ecas y en los tobillos de esas cadenas, son solo eso, marcas, recuerdos, evidencias de que un d a estuviste prisionero y hoy volamos libres. El poder del perd n es poder sanador (Del prefacio escrito por Oscar Sande, Australia).
El Dr. Miguel ngel N ez, de origen chileno-argentino, es orientador fa- miliar y terapeuta matrimonial. De amplia trayectoria, da conferencias por todo el mundo. Ha sido profesor universitario por m s de 30 a os. Es invi- tado permanentemente a dar charlas sobre educaci n infantil, sexualidad, familia, matrimonio, antropolog a y tica. Felizmente casado y con dos hijos adultos, tambi n casados, es feliz abuelo de 4 nietos. Autor de m s de 90 libros.