En este tercer volumen, me adentro en los cap tulos cuarto al octavo del Apocalipsis, donde se abre ante nosotros una visi n majestuosa del cielo y del misterio de Dios que gu a la historia. La liturgia celestial, el Cordero que recibe el libro sellado, los siete sellos, las trompetas y la oraci n de los santos forman parte de un lenguaje simb lico que revela tanto la grandeza de Dios como la seriedad del combate espiritual que atraviesa el mundo.
He procurado leer y meditar estas p ginas no como un relato enigm tico del pasado, sino como una palabra viva que ilumina nuestro presente. Cada visi n, cada signo, es una invitaci n a contemplar la soberan a de Dios, a mantener firme la esperanza y a perseverar en la fe en medio de las pruebas.
Como en los vol menes anteriores, mi prop sito es mostrar que el Apocalipsis no conduce al temor, sino a la certeza de que el Cordero, inmolado y resucitado, es el Se or de la historia. Su victoria nos abre a la confianza y nos asegura que nada queda fuera del plan de Dios, ni siquiera las pruebas m s duras.