Muchos han tratado de saber qu? paso hace quinientos a?os cuando los conquistadores espa?oles decidieron apropiarse de las riquezas, de la capital del Incario. La mayor?a de los historiadores se?alan al general Rumi?ahui como causante de la destrucci?n de la ciudad, de masacrar a la familia real y a las sagradas V?rgenes del Sol y robar los tesoros reales. El autor toma la versi?n que manejaron las sociedades secretas indianas y nos traslada al pasado para contemplar la epopeya de la huida de las V?rgenes y la corte real a la jungla amaz?nica ecuatorial atravesando la fr?a cordillera y recrea al cabo de mas de 100 a?os el encuentro de dos nietos de nietos de Rumi?ahui y Atahualpa. Ellos ponen en acci?n una incre?ble red de rayos luminosos llamados "los Ojos m?gicos de Uckgllu con los cuales transmiten mensajes codificados en reajustados c?digos quipus a sus comunidades. Al mismo tiempo dos jesuitas se involucran en una incre?ble epopeya con las sociedades secretas indianas que custodian el cementerio de la familia real dentro de la quebrada Zangu?a, debajo de la iglesia de los Jesuitas. El admirable di?logo de religi?n, tradici?n y cultura entre estos dos grupos culmina con el traslado del cementerio real a las criptas de la iglesia gracias a la generosa donaci?n de muchos quintales de oro de los tesoros indianos para hacer el dorado de altares de la iglesia. Esa donaci?n fue la expresi?n de la misteriosa religiosidad del pueblo indiano, en realidad una muda plegaria de destellos brillantes
como los rayos de su dios sol, rindiendo homenaje al Dios cristiano. Luego de ser expulsados los jesuitas de las colonias espa?olas, uno de ellos regresa a su patria y contin?a con su esposa y familia estudiando y conviviendo con sus amigos indianos. Estas ancianas historias ciertamente provocar?n curiosidad, dudas y sorpresas al lector y le llevar?n a preguntarse cu?l fue la verdadera historia de la conquista y dominio espa?ol que parece a?n retenernos. El libro te invita a convivir con sue?os y escuchar rumores y reconocer fantasmas que al cabo de 500 y m?s a?os siguen esperando su oportunidad de compartir lo que fue suyo con los dem?s.