Qui n es esta muchacha que irrumpe en el congestionado panorama po tico del siglo XXI con un t tulo tan enigm tico y sugerente? A primera ojeada este t tulo nos remite al lente acucioso de Heinz Plenge y aquella impresionante fotograf a de su Ojo de c ndor, de un rojo c lera casi quemante -caracter stica nica de las hembras de esa especie-, dato curioso, devenido punto coincidente en la analog a que pretendemos, lo cual advertir el lector desde las primeras p ginas de este pluritem tico con junto de poemas. La simbolog a del c ndor como animal tot mico en muchas culturas andinas, asociado al esp ritu, la muerte, lo sagrado, o el poder nos devela a una joven poeta de mirada aguda que prefiere la intensidad de im genes con fuerte carga visual y emocional, las cuales logra mediante un lenguaje crudo, confesional, combinando la memoria afectiva con el trauma para construir una voz po tica compleja, fr gil y feroz al mismo tiempo, que se apoya en la repetici n de frases cortas y contundentes con ritmo libre, y no solo denuncia, sino que reclama el poder de narrar lo que fue silenciado para convertir las experiencias individuales en un alegato colectivo que escucha y exige transformaci n social. Algunos de los poemas de este conjunto constituyen testimonio desgarrador, pol tico y feminista, cuyo sujeto l rico se proyecta de forma ntima, pero a la vez habla con muchas como un coro de voces silenciadas que recuperan su derecho a decir, a recordar y a llorar en voz alta lo que la cultura patriarcal les oblig a callar. Sheila Zayas asume una po tica que, deliberadamente, da cabida al lugar com n desde lo cotidiano, lo repetido y lo colectivo, sin darle mayor importancia a criterios exigentes como: la densidad simb lica, la ambig edad f rtil y la riqueza tropol gica. Su necesidad de decir es m s fuerte que la intenci n de concretar un estilo. En esa mezcla de elementos donde coexisten: lo perform tico, lo ensay stico, incluso, ciertos rasgos panfletarios delineados con un lenguaje directo, literal sin atajos figurativos; en esa comuni n, acaso radique el es tilo propio -a n incipiente- de esta voz muy joven, no obstante, madura, atenta, receptiva, apasionada. C ndor ella misma, con visi n aguda y candente planea sobre el mundo para luego lanzarse hacia l y desarticularlo hasta exponer sus v sceras. As , de manera cruda, ofrece su percepci n de la realidad porque: ser artista es proponer una verdad propia. Una verdad que, en ocasiones, parte del dolor. De esta forma hace suyas las palabras del c lebre pintor Alejandro Obreg n, cuyo pincel tambi n se pos en el ojo de un c ndor. En sus poemas Sheila no retrata, inquiere lo observado y reformula la imagen -ya absorbida por su visi n inquietante y cuestionadora-. No niega oscuridad ni desgarraduras; solo expone la verdad que siente en carne propia. Aunque el cuerpo violentado no sea el suyo, escuchamos el grito, el reclamo, la sed de justicia. De manera que, s , la ni a que naci del r o con ganas de mariposa y se desnud ocho minutos bajo el sol, sin lugar a dudas, ha descubierto la poes a en cada fragmento de mundo que arde en el ojo de un c ndor. Marlen Moreira Alfonso, San Jos de las Lajas, mayo de 2025.
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