La conexi n del pasado y del presente con las intermitentes actuaciones de los personajes que, bruscamente, con su universalidad de experiencias se encuentran de forma fortuita, es el eje central del libro. La cual, como s fuera la fortuna, en determinado momento, en el libro, el autor capta, para dejar plasmado en nuestra mentes, ese eterno encuentro entre pasado y el presente. Aquel advenimiento de sucesos que, dependiendo, a trav s de que y con que intenci n los anunciemos o vivimos, nos definen el camino. El Meg fono desde que aparece en la novela, presentado como una variable constante, como un elemento heroico, prosopop yico, siempre brillante, encerado y multicolor, acompa a la vida en su declive, como tambi n, en su ascensi n o renacimiento, pero inmutable e insoluble. Aunque aparece ya en los ltimos cap tulos del libro, el es parte del eterno teatro del tiempo, de la adversidad y los cambios a los que nos sometemos y nos somete la fortuna. Esos que, aveces, nos privan de la vida, cuando a n queremos caminar hacia la gloria, o que por azar; habiendo pasado por la vida, sin querer, nos despojan del placer de llegar hasta la gloria. Y ese intrincado efugio, pestilencia de flagelos enmara ados, maldici n tras mil penurias, expone al desnudo y con toda su villan a; adem s, el opuesto. Ese destino honroso y con todas sus claras virtudes, como s no fuera el azar, sin fallas, sin defectos, vibrante y quasi perfecto en unos de sus m s intrigados personajes, el cual el autor, magistralmente, lo lleva con el lector, hasta el fin de la novela, como hasta el fin de la vida, entre fortuna e infortunios, para finalizar, poniendo en claro, el desenlace, en la imaginaci n del lector, de las intrigas que sujetan al nudo de la novela.
Gracias
El autor