Lo que el lector tiene en sus manos no es una novela.
Esta afirmaci n, comprendo, resultar poco convincente en el contexto en que se ofrece: impresa sobre papel, encuadernada con el esmero propio de las obras de ficci n, distribuida por los canales habituales del comercio literario. Y sin embargo, quien ha preparado esta edici n -y cuya identidad no se revelar aqu , por razones que el texto mismo har evidentes- estima necesario advertir, desde el primer rengl n, que lo que sigue no es el producto de una imaginaci n creativa, sino el testimonio fragmentado y a veces incoherente de un hombre que vivi todo cuanto aqu se narra, y que ya no est en condiciones de desmentirlo.