Hay hombres destinados a cambiar el mundo. Evaristo, en cambio, apenas logra cambiar de opini n... aunque eso jam s le impide hablar durante horas como si estuviera refundando la civilizaci n occidental desde la mesa pegajosa de un bar de barrio.
Convencido de poseer una comprensi n superior de la filosof a, la pol tica, la decadencia moral de Occidente y el aut ntico significado de Martin Heidegger -a quien probablemente jam s entendi -, Evaristo se lanza a una cruzada verbal contra un mundo que considera vulgar, ignorante y espiritualmente arruinado. El problema es que l tampoco parece encontrarse en condiciones particularmente brillantes.
Entre discusiones interminables, citas mal atribuidas, tertulias delirantes y reflexiones que oscilan entre lo genial y lo completamente rid culo, esta novela construye un retrato ferozmente divertido de una sociedad donde todos opinan, nadie escucha y la cultura se ha convertido en un accesorio decorativo para egos heridos.
Mordaz, absurda y profundamente humana, la obra mezcla el esp ritu sat rico de Eduardo Mendoza con ecos de Mark Twain y la melancol a existencial de Albert Camus.
Porque Evaristo no es s lo un personaje.
Es una enfermedad cultural con gabardina.